
Tomé esta foto al lado del recién inaugurado “Museo do mar de Galicia” en la Punta do Muiño, Alcabre, muy cerca de la famosa playa de Samil. No es ni mucho menos la imagen más característica de esta curiosa ciudad que, afortunadamente, he visitado en miles de ocasiones. Digamos que el 95% de mi propia sangre fue cultivada en Vigo, mis células siguen vibrando cada vez que sienten el aroma del mar gallego y, con él, las caricias de mi familia. Su instantánea característica tiene más que ver con la de una villa estropeada por el óxido del agua salada y el paso del tiempo junto a los barcos pesqueros rodeados de gaviotas y cargados de porvenir. Además de tener la mejor comida del mundo tiene algo más, pero no sabría muy bien como venderlo, será morriña, será algo especial que hay que llevar en la sangre para ver “el sireno” y esbozar una sonrisa en lugar de malhumorarse, serán las nécoras, será el pulpo del bodegón, será que la familia crece...